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Posts Tagged ‘NASA’

Una misteriosa bola metálica apareció en la sabana africana de Namibia hace unas semanas a 750 kilómetros de la capital, Windhoek,  aunque no ha sido hasta ahora cuando lo hemos sabido. Las autoridades locales se quedaron perplejas al ver el cráter de más de 30 centímetros de profundidad  provocado por este objeto que fue encontrado a unos 60 metros de distancia de la marca, según el director de la policía local forense, Paul Ludik. Es de un material sofisticado propio de vehículos espaciales y su diámetro no supera los 35 centímetros, aunque pesa más de seis kilos. 

Sea como fuere, ha despertado la curiosidad de toda la comunidad científica internacional. Por lo pronto, una vez encontrada, las autoridades contactaron con la NASA inmediatamente, así como con la Agencia Espacial Europea. Después de varias investigaciones, aún no saben suorigen, o no lo han dicho. Eso sí: han descartado que se trate de un artefacto explosivo.

No obstante, hay algo más sorprendente en todo esto: al parecer, no es la primera bola de este tipo que cae en la Tierra; el misterio crece después de que, una vez comenzada la investigación, las autoridades descubrieran que otras muchas esferas metálicas similares habían caído en el sur de África, Australia y Sudamérica durante los últimos 20 años.

A partir de aquí, y con el origen aún desconocido, comienza a imponerse una barra libre de las teorías. ¿Vida extraterrestre? ¿Fragmentos de alguna misión espacial? La red también comienza a hablar introduciendo parodias como su parecido a una bola de Quidditch de Harry Potter. De momento, los organismos especializados apuntan que es necesario hacer más pruebas para encontrar una respuesta de peso, aunque más les vale darse prisa si no quieren alimentar la rumorología.

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Un agujero negro ‘engulló’ a una estrella en una de las mayores y más brillantes explosiones cósmicas observadas hasta el momento, según la conclusión a la que ha llegado medio centenar de astrónomos de todo el mundo, que publican sus resultados en dos trabajos en la revista ‘Science’ esta semana.

El fenómeno se produjo en una lejana galaxia situada a unos 3.800 años luz de la Tierra, que es el tiempo que ha tardado en llegar hasta nosotros su luz. Es decir. Los investigadores, entre los que se encuentra un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), dirigido por Juan Carlos Tello, observó el pasado 28 de marzo una radiación extremadamente brillante procedente de esa galaxia Dragón. Frente a otras explosiones similares, que duran minutos, en este caso los intensos Rayos X y Gamma duraron semanas y en 48 horas se reactivaron hasta tres veces.

Según explican, la estrella era 10 veces más pequeña que el Sol, pero el agujero negro tiene una masa 10.000 millones de veces mayor.

La primera pista de lo que estaba ocurriendo la captó el satélite espacial Swift de la NASA, pero una vez lanzada la alerta se siguió la observación del fenómeno con los mejores telescopios del mundo, entre ellos el Gran Telescopio de Canarias, el Keck de Hawaii, además de los espaciales Hubble y Chandra.

Los expertos coinciden en explicar el fenómeno en que se trata de un agujero negro en el centro de esta galaxia que, aunque había permancedido inactivo hasta entones, entró en actividad cuando una estrella pasó cerca de su centro de gravedad y la atrajo, hasta desmenuzarla y ‘tragársela’ en espiral, como cuando el agua se va por un desagüe.

El agujero negro, que gira sobre sí mismo, habría enviado dos fuertes haces de energía hacia arriba y abajo y éste último dió la casualidad que apuntaba extactamente hacia la Vía Láctea, lo que hizo posible su observación dede la Tierra.

Los astrónomos creen que será muy dificil volver a ver este fenómeno en esta galaxia, donde podría no repetirse en 100 millones de años. No obstante, recuerdan que el agujero negro central de la Vía Láctea también parece inactivo, pero podría tragarse una estrella que vagase cerca de su campo gravitacional.

Afortunadamente, el Sol se encuentra en las estribaciones de nuestra galaxia, por lo que no corre el riesgo de ser ‘engullido’.

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Galileo, la nave espacial de la NASA, que empezó a orbitar alrededor de Júpiter en 1995, ha descubierto un océano de lava líquida, o parcialmente líquida, debajo de la superficie de Ío, la luna volcánica de Júpiter, según publica la revista Science. La capa de lava oceánica sería de por lo menos 50 kilómetros de espesor, más del 10% del volumen del manto de la Luna. La temperatura de la lava oceánica superaría los 1.200 grados centígrados.

La investigación fue dirigida por científicos de las Universidades UCLA, UC Santa Cruz y Michigan – Ann Arbor. Es la primera prueba que confirma la existencia de una capa de lava en Ío, la luna volcánica de Júpiter.

“La lava oceánica ardiente de Ío mueve la electricidad millones de veces mejor que las rocas terrestres”, destacó Krishan Khurana, principal autor del estudio y antiguo co-investigador del equipo del magnetómetro de Galileo. Añadió que al igual que las ondas que desprende el detector de metales del aeropuerto hacen que reboten las monedas en el bolsillo, delatando su presencia, el campo magnético de Júpiter mueve constantemente las rocas de lava que hay dentro de Ío. La señal intermitente puede ser detectada por el magnetómetro de una nave espacial cercana”.

Campo magnético

“Estamos entusiasmados porque por fin entendemos de donde procede la lava de Ío y entendemos alguna de las misteriosas marcas que vimos en el campo magnético obtenidas gracias a la nave Galileo”, completó Khurana. Según el científico, Ío emitió una señal intermitente en el campo magnético giratorio del inmenso planeta. La señal coincide con los criterios calculados para las rocas de lava líquida o parcialmente líquida de debajo de la superficie.

Junto con los volcanes de la Tierra, los de Ío son los únicos volcanes de magma activos. Ío produce alrededor de 100 veces más de lava por año que todos los volcanes de la Tierra juntos. Mientras que los volcanes terrestres se sitúan en zonas calientes concretas como el ‘Anillo de Fuego’, en el Océano Pacífico, los volcanes de la luna se distribuyen a lo largo de toda su superficie. La existencia del océano de lava que se sitúa entre 30 y 50 kilómetros por debajo de la corteza de Ío explica la actividad de la Luna.

“Es posible que hace billones de años, al formarse la Tierra y la Luna, ambas tuviesen océanos de lava, que, sin embargo, se enfriaron hace tiempo”, sostiene Torrence Johnson, que colaboró de forma indirecta en el proyecto Galileo. El volcanismo de Ío explica el funcionamiento de los volcanes y aporta una aproximación a la actividad volcánica que pudo suceder nada más formarse la Tierra y la Luna “.

Exitosa misión

Los volcanes de Ío fueron descubiertos en 1979 por ‘Voyager 2’, una nave espacial de la NASA. La energía de la actividad volcánica proviene de los movimientos de la luna, causados por la gravedad de Júpiter mientras que Ío orbita alrededor del mayor planeta del sistema solar.

El lanzamiento de Galileo tuvo lugar en 1989. Tras una exitosa misión, la nave espacial se volvió a lanzar hacia la atmósfera del planeta en 2003. Las inexplicables marcas del campo magnético aparecieron entre los años 1999 y 2000, al cierre de la última fase de la misión.

“En aquel momento, los modelos de interacción entre Ío y el inmenso campo magnético de Júpiter que baña la luna de partículas muy cargadas, no eran lo suficientemente sofisticados como para que entendiésemos lo que sucedía en el interior de Ío”, declaró Xianzhe Jia, uno de los autores del estudio.

Una reciente investigación demuestra que al derretir las llamadas rocas “ultramíficas” aparece una considerable corriente eléctrica. Las rocas son de origen ígneo, es decir que se forman al enfriarse la lava. El hallazgo condujo a Khurana y su equipo a barajar la siguiente hipótesis: la extraña marca la produjo una corriente eléctrica que flotaba dentro de una capa de lava fundida.

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Tras varias misiones Apolo en las que el hombre pisó la Luna, en 1972, el interés por volver a este astro descendió notablemente. ¿Cuáles fueron los motivos?

La película “Apollo 18” reabre la polémica al plantear un posible último alunizaje en 1973 y la supuesta existencia de vida extraterrestre en nuestro satélite.

Durante el período conocido como la Guerra Fría, dos ricos países lucharon por conseguir el éxito: la Unión Soviética y Estados Unidos. Dos feroces bloques que ansiaban lograr los mejores avances en la carrera espacial y sorprender al mundo como grandes potencias que eran.

Sin embargo, hasta el momento, los rusos habían probado tener una amplia ventaja sobre los expertos norteamericanos en este ámbito. Por un lado, el astronauta Yuri Gagarin se había convertido en el primer hombre en viajar al espacio y por otro lado, el Sputnik había sido creado como el primer satélite artificial de la historia. Pero, ¿por qué la NASA no reaccionaba?

El gran salto

Estados Unidos y su desarrollada tecnología no podían permitirse un tropiezo más. Por ello, el 20 de julio de 1969, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins daban un paso adelante en esta feroz competición, pisando por primera vez la superficie lunar. Pero no fue la única ocasión en la que el hombre viajó hasta el mítico astro. Hasta en seis ocasiones más, el desarrollo de las denominadas misiones Apolo se realizaron con un tremendo éxito. Pero a partir de 1972, el interés político por llegar a la Luna descendió de una manera considerable, provocando que la Apolo 17, fuera la última operación en la que el hombre alunizó.

La historia no contada

Durante años, investigadores de todo el mundo han debatido sobre las conspiraciones en torno a los viajes lunares. ¿Por qué el hombre no ha vuelto a pisar nuestro satélite? ¿Nos ha ocultado datos la NASA? Preguntas sin respuesta, que en pocos meses volverán a plantearse, ante el inminente estreno del falso documental “Apollo 18”, del español Gonzalo López-Gallego. Una cinta de ciencia-ficción y terror que plantea cómo pudo ser la supuesta última visita del hombre a la Luna en 1973.

 

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Los habitantes de Bugarach, al pie de una montaña del mismo nombre en el sur de Francia, ya estaban acostumbrados a los turistas en busca de ovnis, pero ahora temen la invasión de “utopistas” convencidos de que sólo ese lugar se salvará del apocalipsis que anuncian para fines de 2012.

El tema de los numerosos profetas del apocalipsis en internet fue incluso evocado en un reciente concejo municipal, admitió Jean-Pierre Delord, el alcalde del pueblo de 200 habitantes, cerca de los Pirineos.

“Estamos preocupados, podemos ver en internet que ‘iluminados’ prevén el fin del mundo para el 21 de diciembre 2012 y que Bugarach será el lugar donde hay que estar” para salvarse, agregó.

Desde hace un par de años, la red está inundada de sombríos escenarios sobre el apocalipsis venidero, basados en lecturas del calendario Maya y de Nostradamus.

Tan fuertes son estas teorías -que evocan el fin del calendario maya, la inversión de los polos, la alineación de los planetas del sistema solar o una colisión entre la Tierra y un planeta misterioso- que la NASA, la agencia espacial estadounidense, se sintió obligada de desmentir, en 2009, el próximo fin del mundo.

“El mundo no terminará el 21 de diciembre de 2012”, aseguró la NASA en una insólita campaña para intentar disipar los extendidos rumores.

Algunas teorías sobre el próximo fin del mundo designan el pico de Bugarach como una de las “montañas sagradas” que se salvarán del apocalipsis.

“Internet es capaz de todas las locuras y nosotros, que somos sólo 200 (habitantes), no vamos a poder resistir”, dijo el alcalde, un ex ganadero de 67 años, que teme la llegada de cientos o miles de personas.

Acostumbrado a los rumores, el pueblo recibe ya a numerosos esotéricos, contó el alcalde, mostrando amuletos, piedras místicas y otras joyas que la municipalidad ha hecho retirar de la montaña.

Algunos creen que el monte, punto culminante del macizo de Corbières, con sus 1.231 metros de altitud, es un “estacionamiento para ovnis”, que alberga en sus entrañas medios de locomoción para extraterrestres.

Otros piensan que en esta zona hallarán el Santo Graal o el tesoro de los templarios.

“En un principio, un 72% de mis clientes eran excursionistas. Ahora, un 68% son ‘visitante esotéricos'”, indicó Sigrid Benard, gerente desde hace seis años de la Casa de la Naturaleza, una de los pocos albergues en esta pequeña comuna.

Afectada por el éxodo rural registrado después de la Segunda Guerra Mundial, la localidad revivió después de 1968, con la llegada de gente con una filosofía y conocimientos agrícolas diferentes.

Ahora, de cada nueve familias de ganaderos que viven en las faldas del pico, ocho no son originarias de la comuna, entre ellos el alcalde. Todos ellos se han integrado y estimulado la economía local, indicó el adjunto del alcalde, Gilbert Cros.

La ciudad alberga también numerosas residencias secundarias compradas por europeos.

La irrupción de los “utopistas” se inició a comienzos de esta década. “Antes, no habíamos oído hablar de todas esas teorías absurdas”, dijo Cros, que lamentó que todo esto dé una mala imagen a la comuna.

Los “utopistas” compran casas aisladas y organizan cursillos, dijo el alcalde.

Esto ha provocado un alza de los precios en el otro lado de la montaña, en Camps-sur-l’Agly, indicó Neli Busch, una agricultora de origen alemán que alquila cuartos y que se queja de que “los esotéricos” estén adquiriendo todos los terrenos agrícolas y que los “jóvenes no puedan instalarse” en la zona.

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La sonda Cassini detectó la presencia de una tenue atmósfera en Rhea, una de las lunas de Saturno, que tiene oxígeno y dióxido de carbono. Es la primera vez que un robot espacial ha capturado moléculas de una atmósfera con oxígeno fuera de la Tierra.

Según lo que especula la NASA, el oxígeno se produciría por una reacción química durante la rotación de Rhea alrededor del planeta, que descompone el hielo de agua que hay sobre la superficie de la luna. La fuente del dióxido de carbono todavía es desconocida.

¿Significa esto que podemos irnos a vivir a Rhea? No tan rápidamente. Se estima que el oxígeno en la luna es 5 billones de veces menos denso que el que tenemos en la Tierra. Aún así, este descubrimiento sugiere que la formación de oxígeno y dióxido de carbono puede ser más común de lo que se pensaba en cuerpos celestes con hielo.

 

“Los nuevos resultados sugieren que una química activa, compleja, que involucra oxígeno, puede ser bastante común en el sistema solar y nuestro universo. Tal química puede ser un prerrequisito para la vida. Toda la evidencia de Cassini indica que Rhea es muy fría y no tiene agua líquida como para desarrollar vida como la conocemos”, indicó Ben Teolis, uno de los científicos de Cassini.

La tenue atmósfera de Rhea hace a esta luna única en el sistema saturniano. Titán, la mayor luna de Saturno, tiene una atmósfera de nitrógeno y metano, con muy poco oxígeno o dióxido de carbono.

Cassini seguirá explorando las lunas de Saturno en los próximos meses, donde podría descubrir alguna otra atmósfera – se cree que Dione podría tener algo parecido. Cabe recordar que una de las lunas se llama Pandora…

 

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Casi una de cada cuatro estrellas como el Sol podría tener planetas del tamaño de la Tierra, según un cálculo realizado por un equipo internacional de astrónomos. Después de haber observado 166 estrellas de tipo G -el del Sol- y K durante cinco años con el telescopio Keck de Hawai, un grupo liderado por el astrónomo Andrew Howard ha encontrado 33 planetas en 22 sistemas estelares.
«De cada cien estrellas como el Sol, una o dos tienen planetas del tamaño de Júpiter; unas seis, un mundo como Neptuno, y cerca de doce, Supertierras de entre 3 y 10 masas terrestres. Si extrapolamos el número de planetas de tamaño terrestre -entre la mitad y dos veces la masa de la Tierra-, podemos predecir que encontrarás alrededor de 23 por cada cien estrellas», afirma Howard, de la Universidad de California y uno de los autores del estudio, cuyos resultados se publican hoy en ‘Science’.
Como la búsqueda se ha centrado en mundos situados a poca distancia de sus estrellas, los autores creen que podría haber más planetas terrestres alejados de sus soles, aunque dentro de la llamada ‘zona habitable’, el anillo alrededor de una estrella en el cual es posible la existencia de agua líquida en la superficie de un mundo.
Aunque estudios anteriores han calculado la proporción de planetas del tamaño de Júpiter y Saturno, nunca se había hecho algo parecido con Neptunos y Supertierras. «Éste es el primer cálculo de la fracción de estrellas que tienen planetas como la Tierra basado en medidas reales», ha recalcado Geoffrey Marcy, otro de los autores.
Para Howard, los resultados deducidos, que parten de la premisa de que el número de planetas aumenta según disminuye su tamaño, implican que, «cuando la NASA desarrolle en la próxima década nuevas técnicas para encontrar planetas terrestres, no tendrá que mirar muy lejos».

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El cohete fue estrellado en el interior del cráter Cabeus, ubicado en el Polo Sur de la Luna, la zona ensombrecida y una de las más frías del satélite natural terrestre. Tras el cohete se envió al cráter a la sonda, para analizar los restos de polvo y vapor que levantó al impactar.

Los resultados de los estudios sobre la concentración de hielo y materia en la superficie lunar se publican esta semana en la revista Science.

Además de confirmar que la Luna alberga agua en forma de cristales de hielo puro en algunos lugares, los científicos se han sorprendido por la riqueza de materiales útiles y porque el satélite terrestre es químicamente activo.

El grupo formado por Anthony Colaprete, científico de LCROSS, y sus colegas analizaron los datos de los espectrómetros de infrarrojo y ultravioleta/visible a bordo de la sonda que sugieren que fueron expulsados del cráter alrededor de 155 kilogramos de vapor de agua y hielo hacia el campo de visión del LCROSS.

En su estudio calculan que aproximadamente el 5,6 por ciento del total de la masa dentro del cráter de Cabeus (más o menos 2,9 por ciento) podría atribuirse sólo a hielo de agua.

Los investigadores también revelan la detección de otros compuestos volátiles en la columna de escombro durante los pocos segundos en que fue visible a la sonda espacial, incluyendo un número de hidrocarburos ligeros, dióxido de carbono, mercurio y pequeñas dosis de calcio y magnesio en forma gaseosa.

Estos hallazgos, son importantes para el estudio de futuras expediciones y una posible base del hombre en la Luna, ya que el descubrimiento de hielo de agua y otros recursos puede reducir la necesidad de transportarlos desde la Tierra.

Por otra parte, la detección de mercurio en el suelo en aproximadamente la misma abundancia que el agua detectada puede “presentar un desafío para la exploración humana” por su toxicidad, indicó Kurt Retherford, miembro del equipo de Lyman Alpha Mapping Project (LAMP).

El geólogo Peter Schultz y sus colegas de la Brown University, que siguieron las distintas etapas del impacto y la columna de escombro resultante, indican que el impacto del cohete creó un cráter de entre 25 y 30 metros.

Indican además que entre 4.000 y 6.000 kilos de escombro, polvo, y vapor fueron expulsados del oscuro cráter y hacia el campo de visión de la sonda que estaba iluminada por el sol, lo que ha permitido saber que el suelo y el subsuelo lunar es más complejo de lo que se creía.

La variedad de compuestos volátiles detectados da a los científicos pistas de dónde vienen y cómo llegaron a formarse los cráteres polares, muchos de los cuales no han visto la luz solar durante miles de millones de años y se encuentran entre los lugares más fríos en el sistema solar.

Los expertos han indicado que el suelo también contiene agua, y además ha albergado otros compuestos, como hidroxilo, monóxido de carbono, dióxido de carbono, amoníaco, sodio, y plata, lo que fue una sorpresa para los investigadores.

“Este lugar parece como el cofre del tesoro de los elementos que han sido distribuidos por toda la Luna” y, sin embargo, han estado ocultos “en las sombra” del cráter, dijo Schultz.

Los astronautas que participaron en las misiones Apolo de la NASA encontraron pequeñas cantidades de plata y partículas de oro, en el lado de la Luna más próximo a la Tierra.

Sin embargo, la concentración detectada no es tan grande como para poder extraer plata de ahí, pero muestra la diversidad del suelo lunar.

“La NASA ha confirmado convincentemente la presencia de hielo de agua, aunque su distribución es desigual en las regiones que están en sombra permanentemente”, dijo Michael Wargo, científico lunar del cuartel general de la NASA en Washington.

Wargo destacó que este proyecto es uno de los mayores pasos que ha dado la NASA “para comprender mejor” el sistema solar, “sus recursos y su origen, evolución y futuro”.

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El cometa Hartley 2, la noche de hoy pasará a una distancia mínima de la Tierra e incluso será visible a ojo desnudo en condiciones meteorológicas favorables, informó la NASA.

Según la agencia espacial estadounidense, el máximo acercamiento del Hartley 2 a nuestro planeta se producirá hoy a las 17.33 GMT, cuando el cometa estará a una distancia de 0,12 unidades astronómicas (distancia media entre la Tierra y el Sol), lo que equivale a 18,08 millones de kilómetros.

Aunque el Hartley 2 será visible en ese momento en la constelación de Auriga, las mejores condiciones para observarlo se darán una semana más tarde, el 28 de octubre, cuando pasará el perihelio, el punto más cercano de la órbita al Sol, alcanzando su máximo brillo.

El cometa 103P/Hartley 2 fue descubierto el 15 de marzo de 1986 por el australiano Malcolm Hartley. Con un período orbital de 6,4 años y pertenece a la llamada Familia Júpiter.

Se calcula que su núcleo no supera los 1,1 o 1,2 kilómetros de diámetro, por lo que se trata de un cometa enano y joven.

A pocos días de superar el perihelio, el próximo 4 de noviembre, el cuerpo celeste recibirá una “visita” de la sonda espacial Deep Impact de la NASA que pasará a tan sólo 700 kilómetros de su núcleo.

Será la quinta ocasión en la historia, en la que un dispositivo creado por el hombre se aproxime a un cometa lo suficiente para poder fotografiar su núcleo, y la primera vez que estas imágenes sean sacadas en alta definición.

Además de Deep Impact, el Hartley 2 también será observado por el telescopio orbital Hubble, lo que permitirá conseguir un “efecto estéreo”.

El próximo acercamiento del cometa a la Tierra tendrá lugar el 24 de septiembre de 2023, pero entonces pasará a una distancia cuatro veces mayor.

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El observatorio Kepler ha descubierto dos nuevos planetas similares a Saturno que orbitan alrededor de una estrella y otro tercer posible candidato de un tamaño aproximado a la Tierra, según anunció hoy la NASA.

Esta es la primera vez que la sonda, gracias a sus complejos sistemas, capta más de un planeta transitando alrededor de una estrella.

Según los científicos, este hallazgo permitirá entender mejor el origen y evolución de los planetas a partir de los cálculos de densidad, masa y temperatura, y el análisis de la interacción de ambos cuerpos entre ellos y su estrella.

Los dos planetas han sido nombrados como Kepler 9b y Kepler 9c, y orbitan a una distancia de 2.000 años luz de la Tierra.

Su composición es similar a la de Saturno porque están formados de gases, posiblemente de hidrógeno y helio, según explicó en una conferencia telefónica el director del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard, Matthew Holman.

El experto y su equipo han analizado siete meses de los datos de 156.000 estrellas enviados por el potente telescopio, que en su primer año de vida descubrió cinco cuerpos planetarios más allá del sistema solar, denominados exoplanetas.

En ese periodo observaron el movimiento de cada planeta y el tiempo empleado en cada vuelta alrededor de la estrella.

Según el estudio que se publicó hoy en la revista especializada en ciencia “Science”, los científicos descubrieron que los periodos de transición de los planetas variaban entre 19,2 y 38,9 días.

Estas variaciones de tiempo se deben a fuertes interacciones gravitacionales entre los recién descubiertos planetas, señalaron.

“Los datos de alta calidad de Kepler y la cobertura durante todo el día del movimiento de los objetos permiten establecer una gran cantidad de mediciones únicas entre la estrellas madre y sus sistemas planetarios”, indicó Doug Hudgins, científico del programa Kepler.

La distancia del planeta a la estrella puede ser calculada midiendo el tiempo que transcurre entre las sucesivas rotaciones, mientras el planeta gira alrededor de su estrella.

Precisamente las variaciones en la regularidad de los giros pueden ayudar a determinar la masa de los planetas y detectar otros planetas que no transiten en el sistema.

En cuanto al tercer planeta, los científicos informaron que necesitarían un mayor análisis para confirmar su existencia, pero que podría ser de un tamaño un poco mayor que la Tierra.

Kepler se ha convertido en un componente crucial de los esfuerzos de la NASA por encontrar y estudiar planetas con características similares a las de la Tierra.

El objetivo de Kepler, lanzado en marzo de 2009, es recoger datos y pruebas de planetas en zonas alrededores de estrellas (“Goldilocks zone”) con condiciones de temperatura medias, de manera que pueda existir agua líquida y, por tanto, vida.

El telescopio puede detectar cambios en el brillo de las estrellas de 20 partes por millón y las imágenes que transmite son captadas por una cámara con una resolución de 95 megapíxeles (es decir 95 millones de píxeles).

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