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Posts Tagged ‘secretos’

Diez afirmaciones leídas y escuchadas en los últimos días sobre la nueva filtración de cables diplomáticos publicados en el sitio web de Wikileaks y cinco diarios internacionales:

“Los cables son sólo cotilleos”

Una afirmación que, en todo caso, debería hacerse sólo después de conocer todo el material de que dispone Wikileaks. De entrada, lo publicado hasta ahora aporta algunos datos muy interesantes, como el servilismo de muchos países, incluido España, hacia Estados Unidos y las pocas diferencias que existen entre la política exterior de Barack Obama con respecto a la de su predecesor, George W. Bush. “Eso ya se suponía” podrán decir algunos, con razón, pero gracias a Wikileaks ya no hace falta suponerlo: Se tiene constancia de ello.

“La filtración acabará con la diplomacia internacional”

Es muy improbable, aunque sí es posible que provoque un endurecimiento de la seguridad que haga más difíciles las futuras filtraciones. Un blindaje de la información que rodea al poder. Por otra parte, hay aspectos de la diplomacia internacional que no estaría nada mal que desaparecieran.

“Es el fin del periodismo”

En todo caso, será el fin del periodismo tal y como se ha practicado hasta ahora. También podría servir de acicate para que los medios recuperen el papel de guardianes frente al poder que en su día tuvieron. Es curioso que cada vez haya más gente empeñada en matar al periodismo, precisamente, cuando más falta hace.

“Wikileaks te puede engañar”

Cualquiera nos puede engañar. Sobre todo, si no disponemos de información, pero la transparencia y la pluralidad de fuentes no tienen por qué ser un obstáculo para conseguirla. ¿Por qué nos da miedo tener más opciones?

“No existirán más secretos”

Es cierto que algunos secretos son necesarios en los Estados, sobre todo aquellos cuya revelación pueda poner en peligro la vida de quien ejerce una función pública. Pero hay que diferenciar las comunicaciones privadas de una persona, que están protegidas por el derecho a la intimidad, y las comunicaciones de un cargo en el ejercicio de sus funciones, máxime si se trata de un funcionario o de un ejecutivo cuyas decisiones tienen una especial influencia sobre la sociedad.

“Robar información es una cobardía”

Es cuestión de opiniones. También podría verse como que hace falta mucho valor para extraer una información confidencial y arriesgarse a perder todo en la vida para que la sociedad la conozca. No creo que Julian Assange ni, sobre todo, Bradley Manning lo estén pasando muy bien en estos momentos.

“Es un ataque contra [Estados Unidos, España, etcétera]“

Una información crítica con la gestión de un político o de un funcionario no es un ataque contra un país, aunque a muchos les guste escudarse tras una bandera para defender sus fallos. Una mala gestión diplomática sí supone un riesgo grave para un país.

“Assange ha vulnerado la ley y debe pagar por ello”

¿La ley de dónde: de Estados Unidos, de Suecia, de España…? Resulta como mínimo curioso escuchar a algunos políticos reclamar, ahora, la justicia universal.

“No me fío de Assange”

No hay que fiarse de él, sino de lo que publica Wikileaks. Si después se demuestra que es falso, podrá rebatirse y en el peor de los casos sólo será una mentira más en el mar de mentiras que se publican diariamente. Pero si no hay información, o sólo hay manipulación, no hay posibilidad de análisis ni de debate.

“No estamos preparados para escuchar la verdad”

Es la frase más graciosa de todas, y se ha escuchado a lo largo de la historia muchas veces. No merece más comentario.

 

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Según una nueva versión de lo ocurrido, la tripulación vio a tiempo el iceberg, pese a lo cual el buque se estrelló contra la masa de hielo por culpa de ese error, mantenido en secreto por el segundo oficial del transatlántico, Charles Lightoller, que sobrevivió al hundimiento.

La nieta del oficial, la escritora Louise Patten, de 56 años, revela lo ocurrido en su nueva novela “Good as Gold”.

Su abuelo murió antes de que ella naciera, pero Patten vivió con su abuela, que le contó lo sucedido entonces.

El error, que costó la vida a 1.517 personas, se produjo porque en el buque había dos sistemas de gobierno sometidos a dos mandos distintos y uno estaba situado frente al otro.

Era la época de transición de la navegación a vela a la navegación a vapor, y muchos de los navegantes de entonces, incluidos muchos oficiales del Titanic, habían estado antes al mando de buques de vela.

De ahí que estuvieran acostumbrados a dar órdenes según el viejo sistema, lo que significa que si uno quería que el barco fuese en una dirección, había que girar el timón en la opuesta.

El nuevo sistema era, por el contrario, como conducir un automóvil: uno mueve el volante en la misma dirección en la que quiere que vaya el coche.

La orden de girar a babor significaba pues que había que girar la rueda a la derecha bajo el viejo sistema y a la izquierda, según el nuevo sistema.

Cuando el primer oficial, William Murdoch, avistó el iceberg a dos millas de distancia, dio la orden de “fuerte a estribor”, fue malinterpretado por su subordinado Robert Hitchins, que giró el buque a la derecha en lugar de a la izquierda.

Aunque casi inmediatamente se le advirtió del error y se le dijo que lo corrigiera, era ya demasiado tarde.

Para agravar ese error fundamental, Bruce Ismay, presidente de la compañía propietaria del buque, la White Star Line, fue al puesto de mando y convenció al capitán del Titanic de que siguiese navegando en lugar de frenarlo en la falsa creencia de que el buque era insumergible.

Eso hizo que aumentara la presión del agua que entraba por el casco averiado, por lo que el Titanic tardó mucho menos tiempo en hundirse de lo que hubiera sido normal en otras circunstancias.

Charles Lightoller mantuvo en secreto ese error durante las pesquisas que se llevaron a cabo a ambos lados del Atlántico por temor a una bancarrota de la naviera si se conocía la verdad.

Lightoller falleció en 1952 -por entonces estaba considerado un héroe por su papel en la evacuación de Dunquerque en la Segunda Guerra Mundial-, y su familia no quiso revelar la verdad hasta ahora por temor a arruinar su reputación.

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Wikileaks es una web que se dedica, como su nombre indica, a sacar a la luz filtraciones de secretos de interés público. Funciona con la colaboración de cualquiera que quiera contribuir, de la misma manera que la enciclopedia en línea Wikipedia y de ahí la primera parte de su nombre, Wiki. La segunda es mucho más directa: leaks en inglés significa filtración.Wikileaks lleva activa desde diciembre del 2008 y en este tiempo ha tenido algunas actuaciones que han dado la vuelta al mundo.

El fundador de WikiLeaks, el periodista australiano Julian Assange.La web se nutre de lo que en inglés se denomina whistle blowers (literalmente «tocadores del silbato»; o sea, soplones pero sin la acepción peyorativa). Son personas que, de forma anónima, denuncian prácticas ilegales, corruptas o simplemente cuestionables dentro de su propia organización.

Desde su aparición, en diciembre de 2006, WikiLeaks expuso memos internos sobre el vuelco de desechos tóxicos en las costas de Africa; los nombres y datos personales de los integrantes de un partido británico racista, y los manuales militares norteamericanos para operar en la prisión de Guantánamo.

Primero fue la publicación de una lista de miembros del partido británico BNP, una formación racista y ultra secreta, a principios de abril de este año, la difusión de un vídeo que mostraba cómo un helicóptero Apache del Ejército de EEUU acribillaba a un grupo de ciudadanos iraquís (en un incidente, ocurrido en el 2007).Hace menos de un mes fue detenido en EE.UU. un analista de los servicios de inteligencia, Bradley Manning. El informático había presumido en Internet de haber filtrado 260.000 documentos secretos a Wikileaks. Pero muchos expertos descartaban ayer que Manning hubiera podido hacer el trabajo solo. La especulación sobre que en la filtración ha podido participar alguien que estaba por encima de él está ahí.La organización cuenta con una planta permanente de seis voluntarios y entre 800 y 1000 colaboradores expertos en encriptación y programación que liberan la información y la adaptan a formatos de acceso público. La sensibilidad de las operaciones WikiLeaks llevó a Assange a operar con servidores en varios países, entre ellos Suecia y Bélgica, donde las leyes les dan mayor protección a sus revelaciones.

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