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Posts Tagged ‘Tierra’

Una mujer peruana murió y otras ocho personas resultaron heridas hoy a las afueras de Buenos Aires debido a una misteriosa explosión causada, según el relato de los vecinos, por «una bola de fuego que cayó del cielo».

En un primer momento la policía había informado de que la víctima mortal era de nacionalidad paraguaya, pero autoridades comunales aclararon luego que se trata de una peruana que había viajado a Argentina para visitar a sus parientes. El hecho ocurrió esta madrugada en la ciudad bonaerense de Esteban Echeverría, donde dos viviendas y tres vehículos resultaron destruidos por una explosión cuyos motivos se investigan, indicaron portavoces policiales. «La cama donde dormía se levantó del piso, los machimbres (maderas) del techo se doblaron y explotaron todos los vidrios de mi casa. Cuando salí a la calle, caía un fuego de arriba que incendió un poste a 20 metros», afirmó un vecino de la zona a medios locales. Una vecina aseguró que salió de su casa a raíz de la explosión y vio «que había fuego que venía de arriba, algo celeste». «Recién se van a empezar a hacer las pericias y el resto son trascendidos. No queremos aventurar ninguna hipótesis, a veces en las implosiones pueden pasar estas cosas», matizó el alcalde de Esteban Echeverría, Fernando Gray.

El alcalde aclaró que la mujer fallecida es de nacionalidad peruana, «no paraguaya, como se informó por una confusión». Confirmó que la mujer fallecida es Silvia Espinoza, de 43 años, quien visitaba a sus parientes ocupantes de una de las casas destruidas por la explosión. Dos de los heridos, en tanto, ya fueron dados de alta, mientras el resto permanecen ingresados en un hospital cercano.

En medios locales se especula con la posibilidad del impacto de un meteorito o de «chatarra espacial» y recuerdan que el fin de semana cayó a tierra el Satélite de Investigación de la Alta Atmósfera (UARS) de la NASA, sin que aún se conozca el paradero de sus restos. «Tranquilamente podría ser un pequeño meteorito lo que provocó esta tragedia, o un pedazo de chatarra espacial», declaró Mariano Ribas, coordinador de astronomía del Planetario de Buenos Aires.

«Todos los días caen sobre nuestro planeta pequeñas rocas espaciales, pero aunque sean un objeto pequeño, pueden provocar un gran daño», agregó al canal de noticias C5N, de la televisión local. Las autoridades aseguran que en pocas horas más se esclarecerá este misterio.

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Un agujero negro ‘engulló’ a una estrella en una de las mayores y más brillantes explosiones cósmicas observadas hasta el momento, según la conclusión a la que ha llegado medio centenar de astrónomos de todo el mundo, que publican sus resultados en dos trabajos en la revista ‘Science’ esta semana.

El fenómeno se produjo en una lejana galaxia situada a unos 3.800 años luz de la Tierra, que es el tiempo que ha tardado en llegar hasta nosotros su luz. Es decir. Los investigadores, entre los que se encuentra un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), dirigido por Juan Carlos Tello, observó el pasado 28 de marzo una radiación extremadamente brillante procedente de esa galaxia Dragón. Frente a otras explosiones similares, que duran minutos, en este caso los intensos Rayos X y Gamma duraron semanas y en 48 horas se reactivaron hasta tres veces.

Según explican, la estrella era 10 veces más pequeña que el Sol, pero el agujero negro tiene una masa 10.000 millones de veces mayor.

La primera pista de lo que estaba ocurriendo la captó el satélite espacial Swift de la NASA, pero una vez lanzada la alerta se siguió la observación del fenómeno con los mejores telescopios del mundo, entre ellos el Gran Telescopio de Canarias, el Keck de Hawaii, además de los espaciales Hubble y Chandra.

Los expertos coinciden en explicar el fenómeno en que se trata de un agujero negro en el centro de esta galaxia que, aunque había permancedido inactivo hasta entones, entró en actividad cuando una estrella pasó cerca de su centro de gravedad y la atrajo, hasta desmenuzarla y ‘tragársela’ en espiral, como cuando el agua se va por un desagüe.

El agujero negro, que gira sobre sí mismo, habría enviado dos fuertes haces de energía hacia arriba y abajo y éste último dió la casualidad que apuntaba extactamente hacia la Vía Láctea, lo que hizo posible su observación dede la Tierra.

Los astrónomos creen que será muy dificil volver a ver este fenómeno en esta galaxia, donde podría no repetirse en 100 millones de años. No obstante, recuerdan que el agujero negro central de la Vía Láctea también parece inactivo, pero podría tragarse una estrella que vagase cerca de su campo gravitacional.

Afortunadamente, el Sol se encuentra en las estribaciones de nuestra galaxia, por lo que no corre el riesgo de ser ‘engullido’.

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Galileo, la nave espacial de la NASA, que empezó a orbitar alrededor de Júpiter en 1995, ha descubierto un océano de lava líquida, o parcialmente líquida, debajo de la superficie de Ío, la luna volcánica de Júpiter, según publica la revista Science. La capa de lava oceánica sería de por lo menos 50 kilómetros de espesor, más del 10% del volumen del manto de la Luna. La temperatura de la lava oceánica superaría los 1.200 grados centígrados.

La investigación fue dirigida por científicos de las Universidades UCLA, UC Santa Cruz y Michigan – Ann Arbor. Es la primera prueba que confirma la existencia de una capa de lava en Ío, la luna volcánica de Júpiter.

“La lava oceánica ardiente de Ío mueve la electricidad millones de veces mejor que las rocas terrestres”, destacó Krishan Khurana, principal autor del estudio y antiguo co-investigador del equipo del magnetómetro de Galileo. Añadió que al igual que las ondas que desprende el detector de metales del aeropuerto hacen que reboten las monedas en el bolsillo, delatando su presencia, el campo magnético de Júpiter mueve constantemente las rocas de lava que hay dentro de Ío. La señal intermitente puede ser detectada por el magnetómetro de una nave espacial cercana”.

Campo magnético

“Estamos entusiasmados porque por fin entendemos de donde procede la lava de Ío y entendemos alguna de las misteriosas marcas que vimos en el campo magnético obtenidas gracias a la nave Galileo”, completó Khurana. Según el científico, Ío emitió una señal intermitente en el campo magnético giratorio del inmenso planeta. La señal coincide con los criterios calculados para las rocas de lava líquida o parcialmente líquida de debajo de la superficie.

Junto con los volcanes de la Tierra, los de Ío son los únicos volcanes de magma activos. Ío produce alrededor de 100 veces más de lava por año que todos los volcanes de la Tierra juntos. Mientras que los volcanes terrestres se sitúan en zonas calientes concretas como el ‘Anillo de Fuego’, en el Océano Pacífico, los volcanes de la luna se distribuyen a lo largo de toda su superficie. La existencia del océano de lava que se sitúa entre 30 y 50 kilómetros por debajo de la corteza de Ío explica la actividad de la Luna.

“Es posible que hace billones de años, al formarse la Tierra y la Luna, ambas tuviesen océanos de lava, que, sin embargo, se enfriaron hace tiempo”, sostiene Torrence Johnson, que colaboró de forma indirecta en el proyecto Galileo. El volcanismo de Ío explica el funcionamiento de los volcanes y aporta una aproximación a la actividad volcánica que pudo suceder nada más formarse la Tierra y la Luna “.

Exitosa misión

Los volcanes de Ío fueron descubiertos en 1979 por ‘Voyager 2’, una nave espacial de la NASA. La energía de la actividad volcánica proviene de los movimientos de la luna, causados por la gravedad de Júpiter mientras que Ío orbita alrededor del mayor planeta del sistema solar.

El lanzamiento de Galileo tuvo lugar en 1989. Tras una exitosa misión, la nave espacial se volvió a lanzar hacia la atmósfera del planeta en 2003. Las inexplicables marcas del campo magnético aparecieron entre los años 1999 y 2000, al cierre de la última fase de la misión.

“En aquel momento, los modelos de interacción entre Ío y el inmenso campo magnético de Júpiter que baña la luna de partículas muy cargadas, no eran lo suficientemente sofisticados como para que entendiésemos lo que sucedía en el interior de Ío”, declaró Xianzhe Jia, uno de los autores del estudio.

Una reciente investigación demuestra que al derretir las llamadas rocas “ultramíficas” aparece una considerable corriente eléctrica. Las rocas son de origen ígneo, es decir que se forman al enfriarse la lava. El hallazgo condujo a Khurana y su equipo a barajar la siguiente hipótesis: la extraña marca la produjo una corriente eléctrica que flotaba dentro de una capa de lava fundida.

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Tras varios millones de años, el Sol ya tiene dueño después que una española acudiera a un notario para proclamarse propietaria del astro rey, publica este viernes en su página ‘web’ el diario regional gallego, La Voz de Galicia.

“Soy propietaria del Sol, estrella de tipo espectral G2, que se encuentra en el centro del sistema solar, situada a una distancia media de la Tierra de aproximadamente 149.600.000 kilómetros…”, asegura el acta citada por el diario, cuya información ha sido retomada por la prensa española.

La perplejidad del notario ante la petición le llevó a consultar con su colegio profesional antes de acceder a levantar acta, según el rotativo.

La nueva dueña del Sol, Angeles Durán, explicó al diario que hay un convenio internacional por el que ningún país puede ser dueño de los planetas, pero no vincula a los particulares “y hay un americano que escrituró casi todos los planetas y la luna; pero no el Sol”.

La nueva dueña solar, que vive en la localidad gallega de Salvaterra de Miño, en Pontevedra, afirma haberse hecho propietaria de la estrella “por usucapión” y “al no existir ni conocerse en cinco mil millones de años propietario alguno hasta la fecha”, según el diario gallego.

La Voz de Galicia recuerda que ahora, la terrateniente solar debería inscribir su adquisición en el registro de la propiedad español pero… este organismo “no tiene competencias sobre el sistema solar”.

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Los habitantes de varias ciudades de la región de Kerala contemplaron atónitos en 2001 la caída de una extraña sustancia líquida de color rojizo sobre sus terrenos.

Tras los primeros análisis, un equipo de investigadores indios concluyó que su procedencia podría ser de origen extraterrestre.

Durante décadas, numerosos estudiosos han intentado dar respuesta sin éxito a uno de los enigmas más antiguos de la humanidad: ¿cómo se originó la vida en la Tierra? ¿Tuvo lugar en el interior de nuestro planeta? ¿O vino desde el espacio?

Y es que en los últimos años, éstas y otras muchas preguntas han sido reactivadas dentro de la comunidad científica debido a un extraño suceso ocurrido en 2001: la caída de lluvia roja sobre varias localizaciones de este territorio en la región india de Kerala.

Asombrosos resultados

La sustancia líquida sorprendió rápidamente a profesores y especialistas de todo el mundo. Por ello, inicialmente, un equipo universitario liderado por el físico Godfrey Louis decidió tomar muestras de la extraña materia roja y procedieron después a su análisis.

Así, tras un primer estudio microscópico y un detallado seguimiento de su comportamiento, las primeras pruebas dieron lugar a unas claras conclusiones sobre la lluvia: sus partículas rojizas presentaban características muy similares a las de otros tipos de células biológicas; pero por el contrario, sus estructuras no poseían muestras de ADN.

Los últimos descubrimientos

Desde el inicio de sus investigaciones, Godfrey Louis y su equipo establecieron varias hipótesis que terminaron presentando en un elaborado informe en el año 2006. En él, afirmaban que las extrañas gotas podrían proceder de restos de materia cósmica que se habían desintegrado al entrar en contacto con la atmósfera.

Como vemos, siguen apareciendo nuevas posibilidades en torno al verdadero origen de la vida en la Tierra. Sin ir más lejos, recientes publicaciones han vuelto a apoyarse en características de estas partículas rojas, como su rápida multiplicación a temperaturas superiores a 120 grados, para defender la teoría de la panspermia (vida que vino desde el espacio).

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Casi una de cada cuatro estrellas como el Sol podría tener planetas del tamaño de la Tierra, según un cálculo realizado por un equipo internacional de astrónomos. Después de haber observado 166 estrellas de tipo G -el del Sol- y K durante cinco años con el telescopio Keck de Hawai, un grupo liderado por el astrónomo Andrew Howard ha encontrado 33 planetas en 22 sistemas estelares.
«De cada cien estrellas como el Sol, una o dos tienen planetas del tamaño de Júpiter; unas seis, un mundo como Neptuno, y cerca de doce, Supertierras de entre 3 y 10 masas terrestres. Si extrapolamos el número de planetas de tamaño terrestre -entre la mitad y dos veces la masa de la Tierra-, podemos predecir que encontrarás alrededor de 23 por cada cien estrellas», afirma Howard, de la Universidad de California y uno de los autores del estudio, cuyos resultados se publican hoy en ‘Science’.
Como la búsqueda se ha centrado en mundos situados a poca distancia de sus estrellas, los autores creen que podría haber más planetas terrestres alejados de sus soles, aunque dentro de la llamada ‘zona habitable’, el anillo alrededor de una estrella en el cual es posible la existencia de agua líquida en la superficie de un mundo.
Aunque estudios anteriores han calculado la proporción de planetas del tamaño de Júpiter y Saturno, nunca se había hecho algo parecido con Neptunos y Supertierras. «Éste es el primer cálculo de la fracción de estrellas que tienen planetas como la Tierra basado en medidas reales», ha recalcado Geoffrey Marcy, otro de los autores.
Para Howard, los resultados deducidos, que parten de la premisa de que el número de planetas aumenta según disminuye su tamaño, implican que, «cuando la NASA desarrolle en la próxima década nuevas técnicas para encontrar planetas terrestres, no tendrá que mirar muy lejos».

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La colisión de un asteroide de entre 500 metros y un kilómetro de diámetro, contra la Tierra causará no sólo un tsunami devastador, sino que podrá destruir la capa de ozono por unos años, al dejar todo lo vivo sin protección ante los rayos ultravioleta, revelaron científicos del Instituto de Paleontología de Estados Unidos.

Los resultados de un modelo computerizado del impacto que causaría un asteroide al ozono atmosférico fueron presentados por la colaboradora científica del Instituto de Panteología de EEUU Elisabetta Pierazzo en un artículo publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters.

“Los resultados evidencian que la caída de un asteroide en las latitudes norte causaría importantes cambios en la composición química de las capas altas de la atmósfera, en particular, una caída de la concentración de ozono por muchos años”, dijo Pierazzo.

Existe mayor posibilidad de que un asteroide caiga en el océano que sobre la tierra, porque el agua ocupa el 70% de la superficie de nuestro planeta. Las investigaciones anteriores siempre se enfocaban en pronosticar los parámetros de los tsunamis provocados por la colisión.

Pierazzo y sus colegas estudiaron dos variantes, la caída en el océano de un asteroide de un kilómetro y de 500 metros de diámetro, y realizaron una previsión de cómo el vapor de agua emitido a una altura grande tras la caída de un cuerpo cósmico en el océano, junto con lo compuestos de cloro y bromo acelerarían la destrucción del ozono.

“La desaparición de una cantidad importante  de ozono en la atmósfera por un largo período de tiempo puede causar consecuencias graves para la vida en la superficie de la Tierra por la intensificación de la irradiación ultravioleta-B, lo que provocará el eritema cutáneo, la catarata cortical y lesiones en el ADN”, comentó la científica.

Según estimaciones, tras la colisión de un asteroide de 500 metros contra la Tierra el índice UVI aumentará en 20 puntos, y con uno de un kilómetro, en 56 puntos, con lo que después el nivel del UVI se ubicará en más de 20 puntos por dos años, mientras que 10 puntos ya son un nivel peligroso.

A pesar de que actualmente las tecnologías no permiten prevenir la colisión del asteroide con la Tierra, las personas disponen de tiempo suficiente para prepararse a las consecuencias de largo plazo tras este tipo de accidentes. En particular, los granjeros podrán cultivar plantas resistentes a la radiación ultravioleta.

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